La ecuanimidad es un valor que, poco a poco, está desapareciendo en esta, nuestra profesión. Sí, conozco a poca gente ecuánime que sepa diferenciar su posicionamiento personal político de sus crónicas, noticias, entrevistas o reportajes. Y lo dice un periodista que aunque ahora esté fuera de las trincheras de la prensa escrita, ha trabajado dentro de ellas y ha separado su pensamiento ‘liberal’ de todas y cada una de las páginas que escribía en EL MUNDO Almería y en otros medios del Levante Almeriense.
Efectivamente, yo no he hecho en mis noticias distinción de partidos; he brindado las mismas oportunidades a los socialistas que a los populares o a los comunistas de defenderse de las denuncias de los adversarios. Quizás por eso me resulte tan difícil, a día de hoy, entender lo que hoy se llama ecuanimidad. La ecuanimidad de hoy es un partidismo disimulado.
Y es que, no hay un equilibrio con el trato que reciben en los medios los vinculados a un partido que a otro. A los hechos me remito, está mal visto ser de centro-derecha en nuestro sector, seas o no un profesional como la copa de un pino, aunque cuando cojas la pluma o el teclado dejes a un lado tus ideas para ser objetivo. Y es que no se puede utilizar un sistema diferente con cada partido: Si cuando uno denuncia le avisas al otro; ¿porque no lo haces a la inversa? ¿Por qué publicar las opiniones por sistema de algunos políticos; arquitectos o abogados; y silenciar las de los periodistas, políticos o abogados vinculados a UPYD o el propio PP?
Todo ello sin contar con los intereses económicos que son un punto y aparte. Puedo entender que no primen las noticias de aquellas instituciones que, por la crisis, no puedan invertir en publicidad, pero es inconcebible que cuando no se pague el ‘impuesto revolucionario’ se les silencie totalmente y, a su vez, se les linche.
Con esta ecuanimidad, ¿para qué queremos que exista el partidismo?
